El sabor amargo que pone fin al periplo americano

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El sabor amargo que pone fin al periplo americano

Fernando Alonso finalizó la aventura americana de la misma manera en la que acaban sus carreras casi cada domingo en F1. Otra vez más la fiabilidad capa las posibilidades aunque las sensaciones fueron infinitamente más dispares. Si bien en las carreras europeas se suma la falta de competitividad del MCL32, el Mclaren Honda Andretti se mostró como una máquina capaz de acompañar al piloto a lo más alto en Indianapolis. De hecho, Takuma Sato acabó bebiendo con la corona de laurel en sus hombros en mitad del éxtasis infundado por un brillante sprint final arrancado antes del abandono del asturiano. Muestra de la impecable gestión que llevaron a cabo equipo más piloto. Quien además pone su nombre en la historia como primer japonés ganador de las 500 Millas.

Previamente a la ceremonia que iniciaba la prueba, ya se ponía en duda la fiabilidad de los propulsores Honda. Éstos que no son fabricados en Sakura. Al contrario que aquellas unidades presentes en la F1, ésos corren a cuenta de Honda Performance Development. Los mismo que mostraron superioridad ante los Chevrolet aunque con una probabilidad de falla más elevada. Fueron tres los pilotos que debieron retirarse por este motivos: Charlie Kimball, Ryan Hunter-Reay más Fernando Alonso en dicho orden.

Únicamente restaban 27 vueltas de las 200. Un tramo final en el que el español marchaba séptimo sin descolgarse del tren de cabeza, posición adquirida tras la última parada ya que durante varias fases rodaba en ese grupo que debía alcanzar al final hasta que una humareda emanaba de la parte trasera provocando un nuevo periodo en régimen de bandera amarilla y la ovación del público en las gradas, de la prensa norteamericana y de sus jefes inclusive:

“No muchos pilotos en el mundo son lo suficientemente valientes para hacer lo que Fernando acaba de hacer, y no solo desde el punto de vista físico. El mundo