Lewis Hamilton ha dejado un claro mensaje en la web oficial de la F1. Las relaciones que ha establecido con sus distintos compañeros han sido tradicionalmente tumultuosas, comenzando con Fernando Alonso en 2007, año en el que el inglés desembarca en el Gran Circo de la mano de McLaren. Una primera temporada en la que la polémica estuvo servida desde la mitad de año y con más intensidad cuando se destapó el escándalo conocido como Spygate, que sacudió virulentamente al equipo de Woking y dejó graves consecuencias en su resolución.

Junto al español, sus idas y venidas con Nico Rosberg se acentuaron en 2016, temporada en la que ambos fueron candidatos al título hasta el Gran Premio de Abu Dhabi. Unidos bajo la estrella de Mercedes desde 2013, viejos amigos que se conocían desde el karting y que además compartieron algo más que una franja transversal de asfalto. Comentaba hace unos años en el programa de Top Gear (BBC 2) anécdotas vividas yendo al circuito los domingos mientras esbozaba una más que visible sonrisa, todo acabó por ser dinamitado con este desgaste vivido desde 2014 a 2016.

Valtteri Bottas fue el elegido por los de Brackley para ocupar la vacante que dejó el campeón alemán cuyo retiro se anunció de manera abrupta e inesperada. Llegaba un finés de perfil muy bajo, muy distante del perfil de celebridad que posee Lewis Hamilton. Un piloto diferenciado por un carácter pacífico muy poco dado a las extravagancias y con calidad contrastada además de experiencia suficiente en la máxima categoría. Presentado en enero, habiendo trabajado ya en una semana entera de test en Montmeló el tricampeón describe a su nuevo compañero así como rasgos de su personalidad:

“Es muy ingenioso y salta con alguna cosa graciosa, algo que no esperas de un finlandés. Lo que me gusta de trabajar con Valtteri es que todo está relacionado con la pista, lo hacemos en el circuito, no fuera. No hay juegos, solo transparencia absoluta. Me gusta. Siento que ya tengo una relación mejor que con cualquier otro compañero que haya tenido antes. Él quiere hacer lo mejor que pueda en su primer año con el equipo y conmigo estar ahí, quiero estar seguro de darle tanta información como para que aprenda. Y hablar en pista”, explicaba Hamilton.

De momento son buenas palabras de bienvenida al recién llegado. El campeonato y los objetivos por los que luchen irán moldeando esta relación. Lewis Hamilton siempre se ha caracterizado por someter a sus compañeros a una guerra psicológica que va desgastando las interacciones. Una estrategia que excede al puro pilotaje, el cual también usa a modo de martillo para ir rematando cada clavo sobresaliente.

Mercedes pone junto a él a un piloto que a priori no revuelve las aguas, alejarse de situaciones como las vividas en el pasado es primordial para dar la estabilidad suficiente y necesaria en tiempos como este en el que un cambio de normativa sin precedentes impera. Un proceso que se irá desarrollando al igual que una relación que parece empezar con buen pie.

 

Autor del artículo: Pablo Bernal/@PabloBernal333

Foto: Mercedes AMG F1