Había que apostar por un proyecto completamente distinto, y la que iba a ser, nueva asociación entre McLaren y Honda, era muy tentadora. La unión hizo pensar a todo el mundo en los años de Senna y Prost, pero lo cierto es que esta vez, la sociedad formada entra los británicos y los nipones iba a ser todo lo opuesto a lo que les supuso los últimos años de los 80.

Honda partía con un año de retraso en cuanto a los motores híbridos, o de ventaja, según se mire, ya que ellos pudieron comprobar en que fallaban los demás. Pero los inicios en 2015 fueron realmente esperpénticos. Aquel monoplaza, no sólo no rendía, sino que no paraba de romperse…ya en los test. Visto lo visto, la temporada apuntaba realmente complicada, y así lo fue. Fernando Alonso y Jenson Button prácticamente se arrastraban por los circuitos y eran chicanes móviles debido a aquel desastroso propulsor que no paraba de romperse. Fernando no obtenía unos resultados tan pobres desde la época de su debut con Minardi. Finalizó el año con apenas 11 puntos cosechados en 2 carreras.

Alonso pedía paciencia con McLaren y Honda, nadie esperaba un primer año así de malo, pero en 2016 las cosas mejoraron, aunque no lo suficiente. El coche seguía rompiéndose, no tanto eso si, y tanto el asturiano como Button puntuaban más y con mayor regularidad. Alonso logró llevar el McLaren a los puntos en 9 citas y lograr un botín de 54 puntos para finalizar décimo el mundial. Pero el piloto español, buscando un proyecto ganador, había acabado en un equipo con mucho nombre pero que veía muy lejos si quiera un podio. La paciencia ahora chirriaba más que con Ferrari, la elección había sido equivocada. Tocaba aguantar, confiar, seguir aportando más que nunca en pista y volver a llevar a McLaren arriba.

En 2017 a Fernando le esperaba otra sorpresa negativa, cuando parecía que la cosa había mejorado notablemente en 2016, en vez de continuar por la misma senda, en McLaren decidieron dar un giro radical al concepto del coche y abandonar el “size zero”. Nuevo error de los de Woking, pues volvieron a empeorar. Los resultados en aquella temporada volvieron a ser similares a los del primer año de McLaren-Honda en la era híbrida. Recalar en aquel equipo que parecía soñado se había convertido en un purgatorio.

Fernando había aguantado demasiado peleando en la zona trasera cuando es uno de los mejores pilotos de la historia de la Fórmula 1. Tanto en el paddock como fuera de el empezaban ya a admirar tanto su pilotaje como su paciencia. El gen competitivo y ganador le hizo al español desfogarse en otras pruebas del motorsport como las 500 millas de Indianápolis. Parecía claro que más pronto que tarde, Alonso diría basta. Y así fue, la de 2018 se convirtió en la última de este genio del volante en Fórmula 1, al menos, de momento. McLaren había cambiado de propulsor, esta vez Renault, pero a pesar del buen comienzo en Australia, aquella carrera fue un espejismo y rápido salieron las vergüenzas de McLaren. Desde Woking incluso se reconoció a mitad de año el error de concepto del monoplaza, y también a esas alturas de campaña Fernando, anunció su retirada de la Fórmula 1.

Alonso, dejaba la categoría reina del automovilismo con 2 mundiales, 32 victorias, 97 podios, 22 poles, 23 vueltas rápidas y 1899 puntos.

 

Imagen: McLaren F1