Último año en Fórmula 1 de uno de los mejores pilotos de su historia. Fernando Alonso deja algo que ha amado desde pequeño, y algo que le empezó a amar a él casi desde su llegada, por que la Fórmula 1 necesitaba un electroshock que le sacara del paro cardiaco en el que se encontraba, con un Michael Schumacher que ganaba campeonatos de manera aplastante.

 

Si bien en 2001 su debut con Minardi no le permitía pelear más allá de las últimas plazas, en 2003 mostró desde el principio en Renault que era uno de esos pilotos elegidos, no sólo para ganar un mundial, sino para marcar una época y pasar a la historia. Llegó su primera pole, primeros podios y victoria, todo en su segunda temporada como piloto titular, el huracán había llegado.

 

Fernando fue por aquel entonces uno de esos pilotos que tienen la calidad dentro y fuera de la pista para llevar de la mano a su escudería entre las grandes. Renault por aquel entonces contaba con gente muy fuerte como Bob Bell, Patt Symonds o Flavio Briatore, pero sin duda, el asturiano se convirtió en la punta de lanza del proyecto y multiplicó en pista cualquier simulación que se pudiera realizar sobre el potencial de los R23, 25 y 26.

 

El tornado de resultados y de gestas en pista con carreras de ensueño enamoraron a un país en el que había nula tradición de Fórmula 1, sólo unos pocos (entre los que me encuentro) ya la seguían antes del llamado “Fenómeno Alonso”. En España la gente se empezaba a sentar a comer viendo las carreras, incluso se animaba a darse un madrugón en fin de semana para disfrutar del joven asturiano. Además de disfrutar de buenas carreras con podios y victorias para un piloto español, la gente también iba aprendiendo más de ese, a veces, complicado mundo de la Fórmula 1. Ya no sonaba extraño escuchar a la gente en el bar el día después de la carrera hablar de las estrategias de paradas en el box, si el circuito era favorable a los Ferrari, McLaren o Renault, y escuchar palabras como: Graining, blistering, mass dumper, efecto coanda etc.Renault Brasil

 

El 25 de septiembre de 2005 Fernando Alonso Díaz pasaba a entrar en la historia del deporte español, aquella jornada, el asturiano se proclamaba campeón del mundo de Fórmula 1. Su sueño, se había cumplido, y a su vez, algo que anhelaban y veían como una utopía que nunca verían los aficionados al motorsport en España. Aquel año, Fernando creció en su pilotaje de manera exponencial. En 2004 su pilotaje seguía yendo a más, y subió al podio en 4 ocasiones, pero no hubo ninguna victoria. En 2005 el español ganó 7 carreras y visitó el podio en 15 ocasiones, números de campeón del mundo. Su gran rival aquel año, Kimi Räikkönen, pago caro la falta de fiabilidad de un McLaren-Mercedes que, como coche, era sensiblemente mejor que el Renault R25 del asturiano. Pero, la fiabilidad del monoplaza del asturiano unida a su pilotaje, resultaron la fórmula perfecta para ganar.

 

La tormenta estaba desatada, y Alonso ya era imparable y un peso pesado del paddock. Pero 2006 comenzó convulso y con dudas de si se repetiría la gesta. El temprano anuncio de que Fernando ficharía por McLaren al año siguiente hizo pensar que quizá, los esfuerzos en Renault se inclinarían más hacia el lado de Giancarlo Fisichella. Pero ni Renault inclinó la balanza, ni Alonso dio tiempo a que se sospechara nada, los resultados y las exhibiciones en pista del asturiano continuaron llegando y el camino hacia el segundo mundial se iba allanando. Aquel 2006 la motivación era extra, ya que, además de Räikkönen, Schumacher y Ferrari habían vuelto por sus fueros, y ganarle el mundial a la dupla Schumacher-Ferrari le daba un valor extra a ser campeón. A lo largo del año, el alemán y el español nos brindaron grandes duelos. Tras un año lleno de podios, victorias, y sobre todo, carreras memorables, Alonso repetía como campeón del mundo. Con su segundo titulo se confirmaba que el asturiano era incluso algo más que un campeón del mundo.

 

Imagen: Twitter Fernando Alonso. Renault Brasil